[Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

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[Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2011 12:21 am

El ex príncipe se encontraba caminando por la azotea de un edificio de cuatro pisos, observando todo el panorama que ofrecía la hermosa vista. Las nubes acolchadas en el cielo azul bloqueaban el sol, eclipsándolo por breves momentos. Junto a él caminaba su fiel lobo, Duque, el único amigo verdadero que tenía y con el que había creado una estable relación de amistad durante su corto viaje por las islas. Desde que salió del olvidado reino de Markov, que ya parecía haber sido borrado por completo del mapa, no había tenido confianza con nadie más que con ese lobo y el hombre que lo rescató de la oscuridad en la que él se había sumido sin ayuda. Pero en su cabeza todavía recordaba el trato que tuvo que hacer con aquel hombre. Dentro de cuatro años él iba a ir a buscarlo en la isla donde lo botó, para pedir su mano. Sí, por raro que pareciera un hombre deseaba contraer matrimonio con él a cambio de salvarlo. Pero lo que fue verdaderamente extraño, es que el joven no se negó a cumplir una vez lo abandonó y le dio una buena suma para sobrevivir.

Todavía le quedaba dinero en el bolsillo, pero sabía que tarde o temprano se le iba a acabar esa suerte. La vida no era tan buena como para sonreírle tan frecuentemente a él. Las monedas que cargaba en su ropa sonaban mientras daba pequeños saltos, como si estuviera jugando en el tejado. La verdad era que el asunto que lo llevaba a un sitio tan elevado era ponerle fin a su vida. Estaba deprimido. No quería seguir viviendo como una persona normal y mezclarse con esas sucias personas que abundaban en las calles. Debido a que en su infancia siempre estuvo rodeado de lujos y de lo que quería, acostumbrado a que sus más ridículos caprichos se materializaran al instantes y tener padres que consentían esa conducta, vivir como un civil era algo que detestaba más que comer sabandijas cuando se terminó el alimento en la isla.

Todavía saboreaba el amargo sabor de esa carne, tan desagradable y se sentía sucio con tener que devorar cual animal. Ni enjuagándose la boca cien veces al día iba a purificar su rosada lengua. Sinceramente, era una nenita llorona. La vida no era tan dura como la imagen que se había hecho. Desde que se separó del Capitán había aprendido a mantenerse, cantando en las calles y así había logrado racionar el efectivo. –No puedo más Duque.- Le dijo a su compañero animal mientras se paraba en el borde de la azotea. Las personas que caminaban en la acera vieron con terror cómo el chico se preparaba para saltar, no sin antes expresar sus últimas palabras, en voz alta…

-No puedo más… este mundo es horrible y ya no quiero vivir. Se acerca la muerte para mí Duque. Espero que encuentres otro amo tan fantástico como yo y que nunca me olvides, porque si me olvidas iré por ti desde el otro mundo para llevarte conmigo, ¡miserable! ¡Adiós mundo cruel! ¡Me has humillado tanto! ¡Ya nadie se va a burlar de mí!- Se colocó en posición para saltar. Duque parecía haberse tragado todo su drama barato al igual que las personas. Era obvio que sólo lo hacía para llamar la atención y esperaba que alguien lo detuviera en el último segundo.- Es el fin…- Confesó, cerrando sus ojos y haciendo uso de un tono dramático. – ¿Por qué la vida tenía que ponerme en esta situación tan difícil? ¡Oh! ¿Ahora quién podrá salvarme del abismo?- Dijo eso con la esperanza de que alguien respondiera. Las personas estaban mudas y atónitas, preguntándose si iba a saltar o no. El lobo montaba su propio drama detrás del amo, aumentando la credibilidad.

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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2011 1:15 am

La llegada de una pequeña barca se hizo ver, impulsada por la brisa que soplaba en las proximidades de aquella cantidad de islas, con una sola vela que se impulsaba al leve contacto con dicha brisa, sin rumbo y sin dirección, la barca se vio detenida sobre la tierra de la gran ciudad de Loguetown, una especie de manta café cubría la pequeña embarcación, al menos su interior. Entre ella un ligero movimiento se percibió, como si alguien se acurrucara en aquella manta deseando jamás despertar, un brazo se próximo a un extremo liberándose de la manta, un suspiro acompañado de un bostezo y la cabeza emerger de la barca, ciertamente indicaron la presencia de un ser humano, que recién despertaba, no sabía ni donde se encontraba, una larga siesta lo hizo perder el rumbo y quedar a merced de los vientos. Se levantó como un zombi, con ojos rojos, marcadas estaban sus venas y llorosos aun por su bostezo, su boca reseca solo buscaba agua, bueno no era opción el agua del mar, aunque no fue mala idea el tomarla para enjuagar sus ensillas.

Emprendió su camino, como si nada hubiera pasado, como si supiera a donde ir, como si tuviera todo bajo control y como si tuviera un lugar al cual acudir. Se movió en la costa, con pasos ligeros y delicados, aun sin prisas llego rápidamente a la central del lugar, un inmenso mercado, con miles de personas a su alrededor, viendo baratijas, comprando accesorios, armas y otros pares en tabernas bebiendo licor a montones, filas por montones solo para ver y comprar cosas que para sus ojos eran bonitas. A su vez, filas armadas en lugares con tal de ver a una que otra mujer cruzar la calle. Aaron un chico común y corriente ante ojos ajenos a sus allegados, los seres que lo vieron crecer, un joven de solo cara bonita y cuerpo atlético, chico de vestimentas extrañas y poco adecuadas a su tiempo, ropa de samurái, que anticuado, murmuraba la gente con las que cruzaba una que otra mirada.

En verdad era de poco interés el comentario de aquella banda de comunes y corrientes, aun somnoliento daba sus últimos bostezos al aire, sus ojos lloriqueaban a causa del mismo bostezo –Vaya, tanta ciudad y nada bueno…- vocifero un poco molesto, llevaba tiempo avanzando en el lugar y nada interesante, pasaron los minutos y por consecuente las horas, el tiempo se hizo interminable para el chico que solo caminaba en círculos, esperando algo interesante y para su sorpresa, nada. Finalmente se dio por vencido, se recostó en el suelo, no le importó quedar en medio de la calle, tantas horas caminando y aun tenia sueño, cerro sus ojos yaciendo en el suelo dio un suspiro y sonrío, ni idea del por qué, intento dormir, de hecho estaba ya apunto de adentrarse a un mundo de risueños eventos, el tan famoso mundo de los sueños.

Pero algo evito dicho acontecimiento. Un cumulo de gente vociferaba entre voz elevada –Arriba, un chico…- voces molestas para el que intentaba dormir en medio de la calle, aunque un foco se encendió en su mente, podía ser eso lo que lo despertara y lo hiciera volver a su naturaleza típica, lo que podía despertarlo completamente y hacerlo actuar como el verdadero Aaron. Gritos despampanantes y susurros de temor era gracioso, Aaron abrió sus ojos de repente, movió su cabeza hacia arriba y vio desde su posición a un chico posicionarse en las alturas, parecía intentaría saltar desde su posición, ¿quitarse la vida acaso? Aaron se levantó del suelo, y avanzo a donde estaba aquel cumulo de gente, se abrió paso entre ellas y se adentró en aquella edificación, subió las escaleras, con rapidez, no había tiempo que perder, una vida estaba en peligro, el intentar salvarle la vida a aquel chico podría asegurarle algo, tendría alguien que le debiera un favor, era pensamiento apresurado y de su mente recién despierta.

No tardo mucho para llegar al nivel en el que se encontraba el chico, tenía buen aspecto y parecía joven y con un acompañante de cuatro patas, un lobo o un perro de gran tamaño desde su posición no lo distinguía aun. Llego al tiempo que el chico liberaba de su boca sus palabras, iba a saltar eso era seguro. Aaron sonrió y comenzó a correr, su velocidad anormal lo hizo llegar a un lado del chico con rapidez –Que haces aquí muchacho…- mascullo toándola de la camisa y halándolo hacia atrás –Qué crees que estás haciendo… Eres muy joven para quitarte la vida, oh era un simple drama, no te vez agitado ni nada por el estilo- comento moviéndose de la orilla del edificio, se sentó en el concreto de la edificación y vio al sujeto, le obsequio un sonrisa aguardando su respuesta.

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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2011 5:30 am

Mientras estaba en las alturas las rodillas le temblaban y por un momento sintió el vértigo, como si de pronto el edificio se estuviera elevando y dejando el pavimento muy atrás. Los gritos de algunas personas hicieron que el chico recuperara el enlace con la realidad. Estaba asustado ya que al parecer nadie iba ir a rescatarlo. Duque comenzó a gruñir, no molesto, como si le quisiera indicar a Arsenio que todo estaba bien y que no había motivo alguno para mostrar preocupación. Parecía que el lobo si había captado que no era más que una rabieta pero aún así le seguía el juego a su amo, actuando como él. Parecía que el animal había estado tanto tiempo con Arsen que incluso compartían algunas actitudes. El joven le sonrió a su mascota mientras pasaba sus dedos por sobre su cabeza. El lobo extendía el cuello para que el chico lo acariciara más fácilmente, estando completamente tranquilo. De hecho por esos instantes daba la impresión de que era incluso más civilizado que su amo.

El viento golpear su rostro y los sonidos que provenían de abajo hicieron que volvería a su actuación. Sólo quería que le prestaran algo de atención, ya que todavía no olvidaba cómo era cuando lo ovacionaban y lo miraban con respeto. No era lo mismo que las personas le respetaran a ser visto como un demente a punto de saltar, pero las miradas clavadas en él eran las mismas. Hizo un pie al frente, dejándolo en el aire y manteniendo el equilibrio con una pierna. Se quedó así por un rato, contemplando el temor en los rostros de todos los presentes. Algunos no se veían tan asustados como otros, y daba por seguro que algunos sólo querían ver su cuerpo estampado contra el suelo.

Duque lamió su mano izquierda, lo que provocó que el volteara para verlo. La distracción creada por el lobo le dio tiempo al extraño que iba en rescate de Arsenio para que lo detuviera antes de que perdiera la estabilidad. El hombre lo jaló de la camisa. Se llenó de odio hacia ese sujeto. ¿Quién se creía él para interrumpir algo así? Efectivamente, estaba loco como una cabra, ya que el mismo Arsenio suplicaba que alguien llegara para auxiliarlo, pero eso era parte de su locura y a veces no se entendía ni solo. El haberlo bajado del trono le causó más daño del que admitía. Le sonrió al sujeto, como correspondiéndole y tratando de resistir las ganas de estrujarle la cabeza como un melón. Le iba a responder lo obvio pero aprovechó la brecha que el hombre había abierto.- Sí, todo fue un drama. Soy un actor y estaba practicando la escena cumbre en la que el protagonista se da cuenta de que la vida no tiene sentido y decide tirarse de un edificio.- Comentó. Por la forma en la que lo decía sonaba totalmente factible.

El chico tenía la imagen de un actor y parecía conocer bien la técnica. –Es que no es lo mismo ensayarlo en un lugar vacío que con publico real que cree que se está en peligro de muerte real.- Agregó a lo dicho. –Duque estuviste muy bien, toma un premio.-Dijo mientras buscaba en su mochila y sacaba unos biscochos de frambuesa, los cuales le encantaban a Duque. Vio al hombre, el cual se veía hambriento. No era tan desalmado como para estar repartiendo comida frente a los que no tenían. –Para mi héroe.- Espetó mientras reía, acercándose y entregándole el apetitoso bocadillo. –En fin, gracias y todo eso. Vámonos Duque.- El lobo ladró afirmativamente tras devorar el biscocho, siguiendo a Arsenio.

Se dirigió a la puerta cuando, escuchó el sonido de unos pasos en las escaleras. Tres hombres con uniformes de la Marina y cara de pocos amigos aparecieron frente al chico, frenando su paso como una muralla de carne. –Quítense de mi camino.- Emitió Arsenio entornando los ojos y siendo algo grosero. -¿Adónde crees que vas? Estás bajo arresto por causar disturbios.- Dijo el más feo de los tres. El joven respiró y se aventuró a preguntar.- ¿De qué se me acusa exactamente?- El mismo hombre que le hizo un llamado de atención respondió mientras lo tomaba del brazo.-Crear caos, y porque tu pulgoso animal atacó a un Marine.- Haciendo memoria, sí recordaba que él y Duque se habían topado con un uniformado, al que su compañero animal no pudo evitar morder por mirarlos feo.

-Pulgosa su madre. Ah, quiero decir… todo fue parte de un espectáculo, sí, eso. Es una función gratis, por una buena causa. Los jóvenes de hoy tienen problemas y yo pretendo llegar a toda una generación, interpretando a un adolescente problemático, ¿y que mejor forma de hacerlo que asustarlos con algo como dejar una marca roja en el pavimento?... Pero al final el chico se da cuenta de que tiene mucho por vivir y sigue adelante. – Se explicó, como si a él le interesara el tema de los suicidios o los adolescentes cuando a él le daba igual si se lanzaban de un risco. -Él es Duque, es mi asesor de imagen y manager, y el tipo que está allá me ayuda a cargar cosas pesadas. He de irme, tengo una firma de autógrafos, así que si me disculpan caballeros la gente me está esperando.- Arsenio sacó unos lentes oscuros del bolsillo en su pantalón y caminó con arrogancia empujando a esos hombres pero, justo cuando pensaba que había escapado, sintió una enorme mano en su hombro. –Un momento estrellita, ¿crees que somos tontos?- Al escuchar eso el peliazul dejó escapar una risilla y pensó “sí”. –Además es un embustero. Más delitos para hundir a este tipo.- Comentó uno de ellos.

-Le doy cinco segundos para retirar su sudorosa mano de mi hombro.-

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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2011 3:08 pm

El viento soplo levemente sobre la isla, su punto de mayor impacto fue en aquella edificación de cuatro pisos, ubicada en el centro de la ciudad, en donde lo más atractivo y llamativo del lugar fue aquella escena de dramatismo propiciada por un joven y su mascota, el lanzarse o no había tardado demasiado, era lógico ante los ojos de un ser sumamente observador que se trataba de una escena dramática, una simple escena para ser el centro de atención y que no pasaría a mayores, simplemente un joven ¿Llamando la atención? Sea cual sea el caso, su mascota su fiel acompañante perruno era la guinda de su pastel, tanto le seguía la corriente que parecería real ante la gentuza que observaba desde el suelo, probablemente esperaban que saltara en serio, algunos de ellos querían ver esa escena, tan desalmados que no sorprendería a nadie ver aquella risita burlona marcada en los rostros de los chicos al ver el cuerpo de alguien lanzarse de las alturas y colisionar contra el suelo. Pero a su vez, no faltaba la señora que despavorida grito y corrió con un rumbo fijo, la “comisaria” con gritos e incluso llanto en sus ojos aviso con temor a las autoridades que no tardaron en salir al escuchar la descripción del sujeto, sobre todo al decirles que con él se encontraba un perro o lobo, la cabeza de estos sujetos dio vueltas, buscando en sus memorias los rasgos detallados que impuso la mujer gritona –Debe de ser el- musito uno de los marines, antes de salir disparados hacia el lugar. La mujer por su cuenta no dejo de derramar sus lágrimas, sus ojos rojos y llorosos y su voz insegura revelaron una sola cosa, alguien cercano a ella vivió esa misma situación, sin embargo parecía que ese ente desconocido había perdido la vida, cumbre de sus lamentos fue aquel lugar, en donde aviso a los marines, se escabullo entra la gente y desapareció del lugar, cargando su llanto en penas.

Los feos marines iniciaron con su trayecto y con paso veloz atravesaron el lugar llegando sin preocupación al sitio del salto, estaban llegando justo cuando el chico ponía un pie al aire –Emm, supongo es el…- comento uno de los tres sujetos, en estatura era el menor y con un pelo rojizo, parecía un duende, uno de esos que se mantenían al final del arcoíris en cuentos infantiles. –Supones- bufo el otro dándole un golpe en la parte trasera de la cabeza –Claro es que es el, tarado- añadió antes de salir corriendo a la azotea, por ende los otros dos le siguieron. Sus pasos apresurados se escuchaban por las escaleras, golpeteando de a tres cada escalón de las mismas, jadeantes y cansados, sudorosos incluso, llegaron los marines, inhalaba y exhalaban aire con prisa, cuando llegaron ya Aaron había hecho acto de presencia salvando o mejor dicho interrumpiendo el dramatismo del chico cuyo nombre era un completo misterio. En ese instante Aaron ya había recibido aquel “Agradecimiento” de parte del chico, un bocadillo agradable a su paladar, un sabor dulce y agradable, con textura suave y esponjosa invadió la boca de Aaron que degustaba del ligero bocadillo, sonrió y agradeció con la mano en alto a su completo desconocido.

Aaron comenzaba a levantarse del concreto en el que estaba e hizo uso de sus cuerdas vocales comentando un poco los vocablos que antes pronuncio el joven –¿Actor? ¿Es enserio? Bien pues si no queda de otra, creeré en lo que dijiste, para serte sincero, el ser o no actor de verdad, toda la escena de allá fue de admirarse, solo, mucho drama…- sonrió acotando sus palabras con un suspiro. Aquellos invitados sorpresa se habían quedado en la puerta que conducía a la azotea, estaba recuperando el aliento, pobres, ya estaban viejos y eran feos, que mala jugada les daba la vida a esos. Esos mismos marines intervinieron en la salida del chico, vociferaron infinidad de palabras a las que contestaba de forma sarcástica el chico, a tal extremo que Aaron no podía evitar reírse, y llorar de lo mismo por dentro, el chico se burlaba en sus propias narices de ellos, y los pobres ingenuos, pensaban, una excusa a de ser… Pobres insensatos. –La gente vieja parece ser más crédula que la juventud…- añadió antes de comenzar a dirigirse a la puerta.

Nuevas palabras salieron por la boca en dirección a solo algo, la risa desenfrenada de Aaron. -Él es Duque, es mi asesor de imagen y manager, y el tipo que está allá me ayuda a cargar cosas pesadas. He de irme, tengo una firma de autógrafos, así que si me disculpan caballeros la gente me está esperando.- el cual regalo una carcajada al aire, lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos, era una risa sin control, no podía creer lo que el sujeto había dicho, aparte de ser una drama queen era un “cómico” para los crédulos marines. –Vaya no deja de sorprenderme- mascullo en silencio Aaron, mientras que a su vez observo como el chico intento salir y fue detenido por los marines, ciertamente estaba cansado ya de su cotorreo sin fin, arresta a un joven solo por tal acto, no era de agrado a Aaron que solo se movió a una velocidad promedio a la puerta, Llevo su mano a la guarda de sus dos espadas yacientes en el cinturón, el chico propicio un golpe fuerte en la cabeza de uno de los marines con una de sus espadas guardadas.

El anciano cayo inconsciente al suelo y comenzó a rodar por las escaleras causándose daños mayores, huegos rotos y hemorragias internas –Bien quien sigue…- dijo Aaron desenvainando su espada –No teman, además ustedes comenzaron interrumpiendo al chico, su carrera no es fácil, pero que sabrán ustedes, mugres sin talento…- bufo intentado seguirle la corriente al “Super-Estrella”


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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2011 5:08 pm

Pensaba la forma adecuada de quitarse a esos primates de encima. Ya se quería ir de allí y su paciencia era ciertamente un recurso que siempre le escaseaba, especialmente cuando tenía que tratar con personas así, tan faltas de educación y que gesticulaban de una manera que era desagradable a los ojos del chico. Casi podía sentir la grasosa mano del sujeto que lo detenía atravesar la tela de su ropa y empapar su piel perlina con repugnante sudor. Suspiró, estaba cerca de romperle la mano a ese sujeto cuando escuchó cómo el mismo colapsaba y que el joven al que le había ofrecido un bocadillo fue quien le echó una mano. Podría ser crédulo o que tan sólo le estuviera siguiendo la corriente del mismo modo que Duque, pero dudaba que se haya comido todas las patrañas que salían de su boca. El lobo gruñó nuevamente, como si quisiera comerse a ese trío por atreverse a poner una mano encima a su amo. Sin embargo mostró control, como si quisiera evitar causar más problemas. Era muy inteligente y perceptivo, y sabía cuando podría hacer de las suyas y cuando debía quedarse sentado, esperando, observando. Todo había sido tan rápido. Sin duda alguna el pelimorado tenía una velocidad asombrosa, que era digna de aplausos. –Eso no era necesario, pero igual se agradece.- Dijo muy tranquilo dando media vuelta y chocando las palmas para ver al otro joven a la cara, ignorando a los dos uniformados que restaban, quienes contemplaban con asombro la facilidad con la que el espadachín había dejado fuera de combate a su líder, el cual salió rodando por las escaleras como un viejo barril.

-Sí, como él dijo, es una carrera muy difícil y entregada. Intenten mantener el equilibrio, recordar sus líneas y actuar ante centenares de personas. No hay medidas de seguridad, así que imaginen lo peligroso que fue. Y si mi compañero lastimó a un Marine es porque ese individuo debió ponerle las manos encima del mismo modo en el que lo hizo su camarada conmigo. Duque no es una bestia pulgosa, tiene más educación y clase de la que ustedes nunca podrían aspirar a poseer. Y me sorprende que no sepan quién soy yo cuando es tan evidente. Soy una sensación y también soy conocido en todo East Blue. Que ustedes vivan en una cueva no es mi problema. El joven aquí puede respaldar mis palabras.- Las mentiras que inventaba las decía con tanta seguridad y confianza que parecían ser verdades infranqueables. El peliazul sí que sabía crear defensas sólidas como murallas cuando se trataba de salir de líos. –Mi nombre es Arsenio Markov, y espero que no se les olvide.- Reveló su identidad, diciéndolo como si fuera el hombre más importante del mundo y mereciera respeto por parte de todo el que lo escuchara. La arrogancia casi se podía tantear con las manos.

Un sujeto de aspecto bruto se quitó la gorra, arrugándola entre sus manos con nerviosismo. Parecía estar arrepentido.-Lo sentimos señor Markov, con su permiso.- Dijo el hombre de la Marina mientras él y el de menor estatura se iban para ver en que estado había quedado el Marine que fue derrotado por el joven de las espadas. Se tragaron el cuento, completamente. Aunque también pudo haber sido por el miedo de ambos a sufrir el mismo destino que el primero.

Dio tres pasos hacia atrás, apartándose de las escaleras y quedando frente a su lobuno amigo. Lo acarició en la parte posterior de la cabeza, como si le estuviera agradeciendo algo.-Sé que deseabas lanzarte sobre esas basuras, pero no quería que te ensuciaras los colmillos con esa carne sucia.- Dijo Arsenio. Si conocía bien a Duque, y lo conocía como a la palma de su mano, al igual que él sintió una furia asesina cuando ese imbécil se atrevió a tocar su cuerpo. Extrajo otra golosina, la cual depositó en el hocico del animal, que desapareció al instante. Se levantó mientras se hacía de un segundo biscocho, el cual puso en la boca del espadachín.Era la forma no sólo de agradecerle haber dejado fuera de combate a ese tipo tan molesto, sino también por haber reconocido su talento actoral. –Se me terminaron los de frambuesa pero tengo muchos con sabor a cereza y limón en mi bolsa. Duque comes demasiado, te vas a poner gordo y nadie te va a querer.- Le replico el peliazul, provocando que su mascota gimiera como si se estuviera lamentando.-Sabes que es broma.- Lo consoló, mostrando una afable sonrisa que derrochaba cariño. –Por cierto, ¿quién eres?- Preguntó. Lo más correcto hubiera sido presentarse, pero seguramente ya había escuchado su nombre mientras intercambiaba palabras con ese grupo de estúpidos.



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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2011 7:46 pm

Una nueva actuación daba origen con los vocablos que salían por la boca del peli azul, al parecer los marines seguían igual de crédulos, tan ignorantes del mundo exterior, tan pobres en cultura que ni siquiera sabían que tal fama impuesta por el peli azul no existía, drama, actuación, y burla de todo eso fueron víctimas aquella pareja de feos marines que atemorizados miraban de reojo la pista que recorrió el cuerpo de su compañero, quizá el temor de sufrir lo mismo o algo peor invadió sus mentes y los hizo recapacitar, con temor terminaron por disculparse con el actor de primera clase que estaba en frente de sus dos ojos cafés. Una sonrisa se adueñó del rostro del peli purpura, satisfacción, gozo, y alegría eran los signos que marcaba dicha sonrisa, no podía creer que nuevamente los marines creyeran tal cosa, enserio aparentaban ser entes que vivían en una caja de cartón alejados de la actualidad y la civilización, seres primitivos con un cerebro inferior al tamaño del de una hormiga. –Pobres ingenuos…- comento para sus adentros.

Con el paso de aquella plática Aaron logro conocer el nombre del joven peli azul con el que entablo conversación antes, este nuevamente en señal de agradecimiento llevo con sus propias manos aquel bocadillo esta vez de distinto sabor, un momento antes de que el peli azul introdujera aquel bocadillo a la boca del peli purpura, Aaron detuvo su dirección con su mano desnuda se interpuso evitando aquella escena que no era de su agrado –Tranquilo…- mascullo Aaron tomando el bocadillo con su mano. Con un movimiento rápido y sutil introdujo nuevamente su espada en la guarda, misma guarda que fue dirigida a su cinturón para hacerle compañía a la otra que estaba libre. –No importa, este está de igual forma delicioso…- comento a las palabras Aaron.

Aaron suspiro el aire que en ese mismo instante corría por los alrededores, el mismo que jugaba cual niño pequeño en un parque de diversiones, para el viento, el mundo era su parque, revoloteando en todo lugar, en unos lugares más fuerte y frecuente que en otros, los sombreros y capas eran sus accesorios de juego, los llevaba de la mano por el cielo y nubes, atravesando veredas y miles de kilómetros, y como un típico niño los botaba al aburrirle, y solo para cambiar de juguete, ese viento movió los cabellos de los jóvenes y del lobuno compañero de Arsenio. Algo agradable el viento puesto ahora el clima se estaba calentando, el sol estaba haciendo de las suyas de nuevo. Sus rayos de luz vislumbraban por doquier. Y ya estaba en su punto alto donde toda su fuerza era sentida por todo ser vivo, el viento era la única forma para refrescarse.

-Soy Aaron L. Marck, un gusto…- respondió, agachándose para acariciar la cabeza del lobo. –Espero no muerda, sería una pena que tan bella criatura fuera hostil hacia un colega, no crees Arsenio?...- comentó sonriente, no espero una respuesta simplemente acaricio al lobo en la cabeza esperando no ser mordido, se levantó seguido al acto. –Sabes Arsenio, soy un poco curioso y necesito zacear mi curiosidad, ¿en qué grupo actoral participas? ¿se presentara aquí? ¿Qué te trajo a este sitio? ¿Creíste que me creería todas tus mentiras?- dijo para finalizar sonriendo esperando una respuesta.




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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2011 9:08 pm

Arsenio se extrañó un poco cuando vio que el lobo se comportaba dócil con el muchacho de cabellos purpúreos. Era algo tan extraño ya que en una situación normal, si un desconocido hubiera colocado una mano en su afelpado e impecable pelaje la hubiera perdido. Si Duque lo aprobaba, él también lo haría. Tendía a confiar en su lobo para esas cosas ya que siempre había creído que los animales eran más asertivos que las personas. Desde que había comenzado a andar por el mundo solo, sin ayuda, sin padres que lo miraran o alguien que se preocupara por él como en los tiempos de antaño muchas veces se sentía como en el momento de decidir estar al borde de la muerte, la sensación de que la vida como tal era algo tonto y que debía ponerle fin cuanto antes para ya no seguir “sufriendo”. Realmente se quejaba por cosas estúpidas, ya que nunca tuvo que pasar por problemas verdaderamente malos. De hecho lo peor fue haber tenido que subsistir de animales en el reino muerto. Desde que aquel hombre llamado Richard le dio un jugoso patrocinio no podía decir que su vida era mala. Pero según Arsenio, que era un dramático, su vida era un infierno a veces. Como nunca le había tocado trabajar duro o ser un vagabundo, era una experiencia terrible, pero definitivamente la presencia de Duque mejoró mucho las cosas ya que los viajes se le hacían menos pesados e incluso desarrolló buenos lazos con él, algo que no había podido concretar con ningún ser humano. Incluso dormir en la calle hubiera estado bien de tener a su lobo allí. Algo que nunca pasó.

De hecho, las buenas pistas que le dio Duque a lo largo del viaje fueron vitales para que descubriera su afición por cantar. Por él comenzó a cantar en las calles y a aprender de música, algo que jamás le había interesado. Cuando vivía en el la isla Markov siempre se le educó sobre la música, aprendió a cantar y tocar el piano, pero fueron cosas a las que creía nunca les encontraría un uso practico. Pero gracias a la preparación que recibió previamente fue cosa fácil dominar lo ya visto. De hecho siempre le había sorprendido el poder cantar tan bien, casi como un profesional. Debía ser muy bueno, porque esa voz que poseía lo hizo ganar habitaciones en hoteles lujosos de diferentes islas. Se dejó de pensar en el pasado y volvió al presente.-Un gusto.- Dijo ofreciéndole la mano para estrechársela.

El viento mecía sus cabellos, sombreando ligeramente su mirada azulina. -Duque es mi mejor amigo. Normalmente muerde a los desconocidos, me parece raro que no lo haya hecho contigo.- Le comentó, haciéndole saber que le había agradado a su mascota, y por tanto a él también. Arsenio seguía mirando como si fuera la escena más rara del mundo, ya que estaba un 98% seguro de que su lobo le iba a amputar la mano a ese chico por jugar con su hermoso pelaje platino, ya que el animal era tan orgulloso de su aspecto como su dueño y era uno de los apartados en común que tenían.

Se preparó para responder las incógnitas del muchacho, ya que no esperaba que en verdad se hubiera creído que era un actor, aunque su última pregunta desvelaba que había captado que era un embustero. Bien, siendo franco sí podía decir que era un actor, ya que usó mucho ese recurso para conseguir cosas de manera sencilla durante su corta travesía. Cantaba y actuaba en las calles, lo primero lo usaba para ganar dinero de forma honesta y lo segundo para obtener beneficios. ¿Qué? Él no era el culpable de haber nacido con tantos dones por los que muchos matarían, debía sacarles todo lo que podía mientras pudiera hacerlo. Le respondió en el orden que iban las preguntas –No tengo ningún grupo, esto fue una improvisación, no sé por qué vine aquí y tenía mis sospechas de que ya habías olisqueado el fraude. Siendo técnicos no estaba mintiendo, en verdad sé actuar, sólo que no lo hago profesionalmente. La fama está allí, claro.- Finalizó.

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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2011 10:57 pm

Aaron observo como era que Arsenio se sumergía en sus pensamientos, su mirada estaba ida, estaba en otra parte, algún recordatorio, algún pensamiento o retomando imágenes de su pasado eventos que podrían estar cruzando la mente del joven peli azul, eran intrigantes de alguna manera, ¿Qué cruzaba por la mente del dramaturgo más grande que Aaron había tenido la oportunidad de conocer? Quizá algún día lo descubriera, pero ahora, solo sería uno de los chicos a los cuales tuvo oportunidad de “Ayudar”. El chico aparto la mirada de Arsenio ya de por si era de mala educación el sostener una mirada por largo tiempo con otra persona, nuevamente el viento soplo y movió los cabellos de los jóvenes, ya era algo común el viento en ese momento, ideal como siempre refresco a los jóvenes de calor que el sol brindaba.

–Sabía que eras un buen chico, Duque te llamas no, perdón la descortesía, soy Aaron, un gusto Duque…- dijo tomando con una de sus manos la pata derecha del lobo que yacía sentado, no sabía la reacción que iba a tener el lobo pero de algo estaba seguro, no lo mordería, sabía Aaron que los animales leían las emociones e intenciones de la gente, y Aaron claramente no era un mala persona, de hecho era alguien en quien confiar. El mismo chico soltó la pata del lobo dirigió su mirada al chico, que aparentemente estaba ya enfocado.

Aaron reacciono de forma positiva a las acciones de Arsenio, limpio sus manos, quizá algún pelo diminuto se haya quedado impregnado en su mano y no quería ensuciar o en este caso, llenar de pelaje plateado sus ropajes o a alguien con el que hiciera contacto físico, en este instante era con Arsenio, con quien estrecho manos con firmeza y seguridad, devolviendo el saludo dio un respiro y trago saliva. –Sabes no me sorprende, parece que Duque es alguien muy sobreprotector, le has de importar mucho w imagino que a ti también te importa el. Sabes lo que dicen de los animales no, ellos leen las intenciones de la gente que lo rodea, eso los hace ser sumisos, hostiles, y en muchas ocasiones amigables y fieles compañeros, imagino presintió que mis intenciones no son malas hacia nadie. Quizá sea por eso que me deja acariciarlo y acercarme a él. Espero haberme ganado su confianza, siempre me gustaron los animales aunque no pude disfrutar la compañía de muchos…- dijo sonriente observando a los ojos del lobo plateado.

El chico peli purpura aún estaba esperando las respuestas a las interrogantes planteadas por el mismo, Arsenio no demoro mucho en contestarlas, y todas en un solo enunciado que presentaba todos los puntos necesarios –Me agrada tu forma de ver y hacer las cosas, haces ver en apuros la mente de otros, quizá no mentías y tengas un don nato para la actuación y control mental mediante el mismo, pero sabes, aun para algunas personas, esto no es más que una oportunidad para darse a conocer. Era obvio que los marines vendrían, no era posible que sé que hicieran los locos, además tenía que acabar con alguno antes de comenzar mi camino, no hay motivo alguno para hacerlo, solo simple diversión, lastima aquel anciano que cayo, no tendrá una recuperación exitosa, el golpe que le di tenía la suficiente fuerza para quebrar sus vertebras y con suerte generar una fisura en su columna, las escaleras solo fueron un toque que dañaron más al pobre…- respondió con egocentrismo y altanería, respiro y trago saliva haciendo un pausa corta para pronto seguir con la conversación –No te utilice ni nada por el estilo, para serte franco, pensé que si te lanzarías, evitarlo solo llenaría puntos ciegos, me alegra el que no saltaras, hubieras dejado desconsolado a Duque.- Lo vio de reojo –Arsenio, un gusto...- culmino haciendo una reverencia. –He de partir, fue un gusto realmente, Duque cuida de Arsenio, es alguien con buenas intenciones y parece te cuidara adecuadamente… Sera hasta una próxima, Actor de primera, Dramaturgo de igual forma, una duda más- Detuvo sus pasos Aaron –A que te dedicas realmente…- no espero respuesta, solamente siguió caminando hacia adelante, descendiendo las escaleras, sonriendo vio a los marines estupefactos por las acciones previamente ocurridas.

Su compañero herido de seriedad, estaba aun tirado en el suelo, con moretones en su rostro, y sangre en sus ropas blancas, tanto golpe no le dio algo bueno al pobre anciano –A la próxima no les ira tan bien…- comento llegando a la puerta de la edificación, perdiéndose entre la multitud desapareció completamente del mapa.

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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

Mensaje por Invitado el Mar Ago 09, 2011 3:07 am

Compartía varios puntos de vista con el joven Aaron, ya que también creía fielmente que los animales tenían mejores instintos que los humanos para ese tipo de cosas.

Después de una interesante conversación, el hombre de cabello morado dio todas las señales de que la despedida estaba próxima. Comprendía que tuviera cosas por hacer pero aún así le parecía pronto para separarse. Podía parecer ridículo, pero si alguien recibía una aprobación de Duque, su más fiel amigo, quizá sería bueno mantener el contacto. Respondió antes de hacer cualquier otra cosa.- ¿A qué me dedico en realidad? Soy un pirata, por una buena causa.- El rostro de Arsenio se mostró más serio que antes de comunicar esas palabras a su interlocutor. El joven se había convertido en un pirata para intentar recuperar sus tierras, reuniendo una tripulación de piratas que lo ayudaran a vencer a todos sus enemigos. Los enemigos eran las personas que se hacían ricas explotando la tierra. Lo había hecho mal gobernando y dejó que su nación muriera, pero quería recuperarla y remediar su error.

Sabía que la meta que tenía era muy difícil de alcanzar, ya que su hogar había desaparecido por completo y él no era exactamente el más adecuado como luchador. Era un artista y soñador, las batallas no eran su mejor fuerte. Ahora que lo pensaba, si ese muchacho había vencido con tanta facilidad a un Marine, quizá estaría interesado en ayudarlo en su difícil misión. Claro, las posibilidades de Arsenio para volver a ser soberano eran nulas, además de que él fue el único sobreviviente a la ola de enfermedades que azotó la isla. Su juicio estaba tan nublado que creía que haciéndose famoso, como pirata o cantante, lograría atraer personas a su poco poblada isla. Pero primero debía expulsar a las ratas que habían tomado todo.

Por más que las personas a quienes les contaba su historia decían que era un objetivo ridículo, él seguía firme en su decisión. Su salud mental estaba bien, pero cuando se trataba de asuntos que involucraban su pasado perdía un par de tornillos y era fácil para él cometer estupideces. Su lado más cuerdo había diseñado otro plan: conseguir fama y así lavarles el cerebro a las personas para conformar un nuevo país en alguna isla cualquiera y volver a estar en el poder, donde debía estar. No era que ser realeza le importara demasiado, era que se negaba a casarse con un pirata, un hombre, sólo para no caer en la pobreza. Quería amasar grandes fortunas y mostrárselo a Richard para que se regresara al agujero del que salió y lo dejara en paz.


Aaron se había ido, bajando las escaleras mientras él estaba distraído en sus pensamientos. Gracias a los ladridos de Duque se percató de que su posible aliado se había marchado.-Debo dejar de ensimismarme en mis pensamientos, me pierdo mucho de la realidad. ¡Espérame! ¡Aaron tengo algo que proponerte!- Le dijo al aire, pues cuando bajó del edificio sólo vio a la multitud. El espadachín había desaparecido. Duque lamió su mano al llegar junto a él. –Creo que será para otra ocasión… algo me dice que nos vamos a volver a encontrar, muy pronto. Llamémoslo intuición, Duque.- Sabía que se volvería a encontrar con Aaron ya que creía que el destino los juntó en esa ocasión y que podría mover sus hilos para formular otro encuentro. El lobo señaló algo con su pata delantera, hacia un grupo de personas que observaban al muchacho y llevaban libretas y bolígrafos en manos. – ¿Nos darías tu autógrafo? Pareces ser un actor muy famoso. Todos vimos tu interpretación y pensamos que eres talentoso.- Dijo una chica de cabellera roja y bastante alta que parecía ser quien dirigía la horda de fánaticos, mientras le ofrecía la libreta al ídolo para que colocara su firma. Por lo visto los Marines le hicieron buena fama en los alrededores a modo de disculpa. – ¡Así me gusta!- Exclamó riendo y entregándose al publico. Era simplemente genial que esas personas hubieran notado su “arte”.

[CERRADO]

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Re: [Pasado] Las Crónicas del Príncipe: El arte del suicidio

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